sábado, 17 de mayo de 2014

Algunos atardeceres los miro sin ti. Nos miramos mutuamente el atardecer y yo, nos extraña que no estés presente en el corazón. Porque después de todo, no lo estás. 
Yo esperaría que después de que mi corazón ha sido tuyo durante todo este tiempo por lo menos podría contarte al igual que una de las tristezas del día que termina, pero no es así; y eso me hace pensar en lo diferente que somos las mujeres de este tiempo a las mujeres de tus tiempos. 
Que de hecho no fue hace mucho tiempo por el hecho de que seguimos compartiendo una transición generacional en la que tu y tu vida aquí están, pero quizás si llego a vieja tu ya no estarás.
Entonces era cierto, sólo estaría presente tu ausencia un tiempo, y después de todo tu imagen quedaría lentamente borrada; más rápido de lo que imaginaba. 
Esta es la vida, así es y así son las cosas.
Las formas del dolor en la vida moderna son tan parecidas a las formas del fuego en una llama que nunca se apaga. 
En cualquiera de los casos regresé a ese lugar oscuro en medio del bosque y ahí busqué rastros del recuerdo que me llevó a quererte. En ese sitió lleno de oscuridad y moho no queda nada de eso, sin embargo quedaba un lecho cálido de maldad esperándome...

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