"Paisajes"
I. Frío
En la soledad inmensa, si es que la soledad puede tener medida, se agazapa la muerte tenaz tratando de recuperar a sus hijos en todo momento. Nosotros nos resistimos a su sed, pero ella nos sigue lentamente desde que amanece hasta que cae la noche para recordarnos que es parte de la vida.
Este paisaje es helado, la gente no habla, sólo prende la lumbre a las cinco de la mañana e inician su día moliendo el maíz, limpiando la cocina que al mismo tiempo es el lugar donde dormimos los extranjeros y es el mismo lugar en donde los perros entran por la mañana para husmear si hay una migaja de mundo que comer.
Tratamos de aparentar que no nos da miedo o asco el espacio en cual viven. Carlos R. me mira a los ojos para que no haga alguna grosería y le hago caso; sigo sus instrucciones atentamente pero no puedo dejar de sentir una profunda ternura por la vida de mis anfitriones y una terrible tristeza por la vida de mi familia. En ese momento pienso que no habría aliento del mundo que se fije en ellos, pienso que no habría abanico humano que los abrace con su aliento para llevarlos a una forma de vida mejor. En ese paisaje me pregunto ¿qué es una vida mejor? se ven tan felices que me da vergüenza preguntarle a las mujeres si han pensado que hay otro rol social que las haga sentir mas felices. Nos miramos, me miran, ellas saben lo que pregunto. Y yo sé la repuesta. Ese es un paisaje helado.
II. Calor
Unos años antes, Angel me había dicho que las mestizas éramos un veneno para los hombres de la vida indígena, nuestras ideas, nuestras forma de ser, nuestra identidad pervertida. Me causó la misma tristeza y una ternura intelectual que hasta el día de hoy provocan muchos pueblos y etnias humanas que gozan el sufrimiento por convicción. Él me dijo "esque tu eres un veneno mortal" y me reí, y hoy me río del él a pesar de que tenía razón.
Confieso que cuando llegué a ese lugar fue por las circunstancias más extrañas, pero también fueron las más esperadas; porque al final del día mi destino, el nuestro; nos estaba esperando.
Cuando Angel volvió a mi vida, definitivamente fue algo inesperado.
Tenía cáncer terminal y no tenía otro lugar a donde llegar.
Lo más interesante de su estado es que ni siquiera él lo sabía, sin embargo por ese extraño trato que tenemos entre el fuego y yo, antes que él y el resto de sus seres queridos yo tuve claro el infierno en el cual estaríamos metidos. Así era como la profecía lo marcaba: Ángel en el sol negro y Ángel en sol rojo; cuando los dos soles se junten y aprendas a desdoblarlos liberaras a tus hermanos y el se liberará de la vida.
La vida necesita sacrificios, pero no al estilo mesoamericano. Los sacrificios del hombre consciente son terribles junto a los sacrificios que hace el resto de la gente en la vida social. Sus hijos e hijas adultos, le dijeron que tenía que dejarse morir ya que como era una enfermedad terminal no tenía caso que luchara por la vida. Los vi, los miré y escuché a sus bebés adultos llorar en el regazo de la muerte y el fuego que tomaran su vida para que ellos tomaran sus propiedades. Mis niños y yo nos reímos mucho, luego mis niños me preguntaron "¿Baktunma morir el señor?" y les pedí que esta vez no.
Me miraron incrédulos y me dijeron que el sol no volvería brillar en sus ojos y en su rostro, que la muerte era su camino seguro; tomé a mis bebés en la mano y los acurruqué; "hoy no". El fuego y la muerte, siempre implacables miraron mis manos con la ternura que un hijo tiene con su padre herido y tomaron esta decisión como una de las tantas partes de mi vejez y ubicuidad. "En tu fuerza está el desastre, en tu seña está la ira, en tu camino está el fin". Así será, entonces.
Ángel nos juzgó, nos dijo que las mujeres que habíamos nacido en un cuerpo mestizo seríamos la perdición de ese mundo; pero estaba equivocado, los dioses que nacimos en un cuerpo humano somos la perdición verdadera del mundo, porque nosotros sabemos que dios no existe... porque después de todo siempre interferimos en el destino de todos y le enseñamos al rebaño a ser dueño de si mismo.
Sólo basto con tener un sueño en el cual mis alas enteras lo abrazaban, mi cuerpo de luz lo llevaba de regreso a la tierra; entonces comenzó a caminar y el cáncer no se curó pero se detuvo. Sólo un poco de aliento le dio la luz de mis alas quebradas, el resto de la vida se la ha robado al calor de otros humanos.
III. Tierra
Al principio no entendí en qué consistía la transformación. Luego todo fue caos y agonía.
Morí mas de una vez y el fuego, el calor, el frío y la muerte llegaron a mi regazo; se abrazaron lentamente a mi cuerpo y me dijeron "madre no podemos tomarte". Regresé a esta vida una y otra, y otra, y otra vez.
La primera vez que morí estaba lenta y tranquila frente al universo plácido de colores y oscuridad, un mar inmenso listo para que forjara mi imperio sobre él. Pero él me hecho de ese mundo y me dijo claramente que entonces no era mi tiempo.
Luego tuve esos encuentros fortuitos con ella, muchas veces nos miramos de frente, ella siempre con su amor eterno como quien espera a su madre o a su padrea creador de frente, pero nunca me recibió, siempre era yo quien tenía que recibirla en el el corazón con una ardiente inyección de adrenalina. Ese es el problema de vivir en un cuerpo alérgico a la vida.
Mis encuentros con la muerte fueron tan estrechos y comunes que el día que llegó el fuego no pude notar la diferencia.
Mis encuentros con la vida humana eran tan reales que no cabía en mi cabeza el esmero de la vida. Pero aquella tarde en la pirámide de Cuicuilco mi vida cambio por siempre. Para ese tiempo los hechos del frío y del fuego los había olvidado por completo. La única parte de vida que me acompañaba era ese perro que le llamaba el Dr. Wagner, mi fiel y leal guardian. Cualquier lugar donde estuviera ahí estaba él. Sucedió que estábamos en ese rumbo del mundo cuidando un edificio y a la gente de ese edificio que eran peregrinos que venían de diferentes partes de México a intentar hablar con los políticos del país. Querían platicar con ellos para decirles que si existen y que está de la chingada levantarse a las cinco de la mañana para cocinar sin futuro, o poner puentes en su vida sabiendo que las otras culturas son un veneno letal que un día les pueden ayudar y al otro exterminar. Sólo querían hablar.
Mi trabajo era cuidarlos a todos.
Pero yo no sabía qué estaba cuidando hasta que aquella noche a mi guardian y a mi se nos presentó el fuego. Insisten los cuidadores locales que quien pasó una y otra vez del edificio a la pirámide fue el perro; en cambio yo insisto que fui yo. Muchas cosas han pasado desde entonces, una de ellas fue la locura y mi amigo Eduardo que quedó atrapado en un papiro prehispánico hasta que yo aprenda a desdoblar el sol negro y el sol rojo.
Cuando el fuego se presentó ante mí, me sentí pequeña y frágil. Ese día conocí el calor de la creación entera. Me uní con dios fuego de una manera que nadie puede entender en este mundo de mestizos. Sólo Ángel entiende mi problema, ya que es el único ángel en cuerpo de mestizo que conozco al cual el fuego bautizó, como a mi.
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